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El Tesla Roadster que vuela: el show más caro de Musk, con propulsores de SpaceX, 0.81 segundos… y una letra chica que no cuenta nadie

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La industria automotriz lleva más de un siglo intentando que los autos sean más rápidos, cómodos y seguros. Elon Musk decidió añadir otra meta: que también puedan despegar. La solución, al parecer, era tener una empresa de cohetes a la mano.

El 15 de octubre de 2026, Tesla presentó la nueva generación del Roadster en las instalaciones de pruebas de SpaceX en McGregor, Texas. El prototipo subió una rampa en posición invertida, se lanzó por el aire, giró y aterrizó sobre sus ruedas. Después saltó sobre una fila de vehículos Tesla. Musk resumió el resultado con un lacónico: “Well, it worked”.

Funcionó, sí. La pregunta menos cinematográfica es qué significa exactamente «volar» cuando hablamos de un auto que todavía no entra en producción, cuyo precio final no se conoce y cuya versión aérea no está aprobada para circular en calles públicas.

La demostración: impresionante, pero no fue un vuelo de verdad

La demostración se realizó sin ocupantes, con el Roadster operado de forma autónoma, según los reportes del evento.

El número teatral fue una secuencia de maniobras cortas: el auto avanzó por una rampa curva, quedó invertido, salió al aire, hizo un giro y volvió al suelo. En otra parte del espectáculo, saltó por encima de varios vehículos Tesla estacionados.

Es una demostración llamativa de control y propulsión. No demuestra, sin embargo, que el Roadster pueda sostener un vuelo, recorrer una distancia útil por el aire o llevar pasajeros de manera práctica. En otras palabras: no estamos ante un auto-avión listo para evitar el tráfico de la Ciudad de México. Estamos ante un prototipo que ejecutó saltos breves en un entorno controlado. La diferencia es bastante importante, aunque tenga menos potencial para un tráiler de película.

Cómo funciona: aire comprimido, propulsores y mucha puesta en escena

La versión Rocket incorpora 10 propulsores de gas frío desarrollados con tecnología de SpaceX. No son pequeños cohetes con combustión: emplean aire comprimido, almacenado en recipientes de alta presión hechos con fibra de carbono. Durante la presentación, Lars Moravy, vicepresidente de ingeniería de Tesla, habló de unos 600 litros de aire comprimido.

Los propulsores sirven para generar impulsos y controlar maniobras breves. A eso se suma un sistema de ventiladores bajo el chasis que crea succión y ayuda a generar carga aerodinámica —downforce— para mantener el auto pegado a la superficie, incluso durante la demostración invertida.

Tesla también reportó un 0 a 60 mph en 0.81 segundos. Es una cifra extraordinaria, equivalente a acelerar hasta unos 97 km/h antes de que muchos autos convencionales terminen de procesar lo que está pasando. Pero conviene ponerle su etiqueta: es un dato presentado por Tesla durante una demostración, no un récord de producción certificado independientemente.

La compañía también comunica una autonomía de más de 300 millas (unos 480 km) y una velocidad máxima superior a 230 mph (unos 370 km/h). Musk mencionó además el objetivo de llegar a la mitad de la velocidad del sonido, cerca de 1,500 km/h. Por ahora, eso debe leerse como una aspiración, no como una especificación confirmada.

La palabra «vuela» vende titulares. Técnicamente, lo mostrado hasta ahora son saltos y maniobras aéreas breves. El propio espectáculo no respondió cuánto tiempo podría mantenerse en el aire ni qué distancia cubriría. Por ahora, la respuesta más prudente a «¿es un auto volador?» es: Tesla demostró que puede levantarlo del suelo por un momento. No es poca cosa, pero tampoco es exactamente un taxi aéreo.

Tres versiones y depósitos que no son el precio del auto

Tesla plantea tres configuraciones:

  • Performance: la versión orientada a carretera, descrita como lista para circular y equipada con aerodinámica activa y el sistema de succión.
  • Thrust: una variante para pista, con propulsores traseros y aceleración anunciada de menos de un segundo hasta 60 mph.
  • Rocket: la opción aérea, con 10 propulsores alrededor del vehículo, disponible solo por invitación y no aprobada para uso en vías públicas.

Hay que separar dos cifras que suelen confundirse: el depósito de reserva no es el precio final del automóvil. Tesla solicita un pago de reserva de 50,000 dólares para Performance, equivalente a aproximadamente 964,000 pesos mexicanos, y 250,000 dólares para Thrust, unos 4.8 millones de pesos al tipo de cambio indicado. El monto de Rocket no se publica y la versión se ofrece por invitación.

Tesla no ha confirmado el precio final de ninguna variante. La producción está prevista para 2028, una fecha objetivo, no una entrega garantizada. Para un comprador mexicano, los depósitos además no resuelven las preguntas prácticas: precio final, disponibilidad, servicio, homologación y condiciones de uso en el país.

La letra chica: no es avión y la versión Rocket no es para la calle

La parte más extraña del Roadster no está en los propulsores, sino en su categoría legal. La FAA dijo que el vehículo no cumple su definición de aeronave. Eso no equivale a una certificación para volar, ni significa que la agencia haya aprobado la seguridad o la operación aérea del sistema: simplemente, la FAA no lo está clasificando como un avión bajo esa definición.

Por el lado terrestre, Tesla indica que Rocket no está aprobada para circular en vías públicas. Así que la versión que más se parece a un vehículo volador no es un auto para sacar a la calle, y tampoco tiene una ruta de certificación aeronáutica anunciada. ¿Dónde se usa? La respuesta sensata, mientras no haya más claridad, apunta a terrenos privados amplios y demostraciones controladas.

En México, Tesla no ha presentado una ruta pública de homologación para que Rocket circule por calles o se opere como aeronave. Antes de imaginar un Roadster saltando sobre el segundo piso del Periférico, conviene esperar información oficial de las autoridades y de la propia marca. El tráfico ya es suficientemente impredecible sin añadir vehículos con propulsores.

Del primer Roadster a nueve años de espera

El primer Tesla Roadster, producido entre 2008 y 2012, fue un auto eléctrico deportivo construido sobre una base modificada del Lotus Elise. Con una autonomía EPA citada de 244 millas (unos 393 km) y alrededor de 2,450 unidades, ayudó a mostrar que un eléctrico podía ser algo más que una decisión racional tomada frente a una bomba de gasolina.

La segunda generación se anunció en noviembre de 2017, con promesas de 0 a 100 km/h en 1.9 segundos y hasta 1,000 km de autonomía. Su producción se había planteado para 2020. Esa fecha pasó; después llegaron nuevos calendarios, nuevas promesas y más espera. La presentación de 2026 llega casi nueve años después del anuncio original, con un diseño y una propuesta radicalmente distintos.

El momento perfecto para recuperar los reflectores

El Roadster es un auto de nicho y Tesla no lo presenta como un modelo destinado a venderse en grandes volúmenes. La demostración, en cambio, es difícil de ignorar: llegó antes del reporte trimestral de la compañía y ofrece una manera espectacular de recordar que Tesla todavía quiere ser vista como una firma de tecnología, no solo como fabricante de autos eléctricos.

También aparece en un mercado cada vez más competitivo. En Estados Unidos, Tesla conserva una posición dominante entre los eléctricos, pero sus ventas del tercer trimestre de 2026 cayeron frente al mismo periodo del año anterior, según estimaciones de Cox Automotive citadas por la prensa. A escala global, BYD y otros fabricantes han intensificado la competencia con más modelos y una agresiva guerra de precios. La presión es real; que el Roadster por sí solo pueda resolverla es otra historia.

Para más contexto sobre la expansión de marcas chinas y su impacto en México, puedes leer nuestro análisis sobre qué fabricantes ya construyen plantas en el país y qué puede significar para los precios.

Veredicto: una proeza de espectáculo, todavía no un auto volador

El nuevo Roadster es una idea fascinante: combina un deportivo eléctrico con propulsión de gas comprimido y un sistema de succión que parece diseñado por alguien que vio demasiadas películas de espías —en el mejor sentido posible—. La demostración fue espectacular y el trabajo de ingeniería merece atención.

Pero el espectáculo no sustituye la letra chica: producción prevista para 2028, precios finales sin anunciar, depósitos de reserva que no equivalen al costo del auto y una versión Rocket que no está aprobada para la calle y que la FAA no considera aeronave. En México, además, aún no hay una ruta pública de homologación para su configuración aérea.

El Roadster original ayudó a que Tesla se tomara en serio. El nuevo quiere que nos tomemos en serio un auto que salta, gira y quizá algún día vuele. De momento, lo que sabemos es que puede despegar durante una demostración. El resto sigue en el aire, literalmente y en todos los demás sentidos.

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